Page 64 - Mis experiencias para enfrentar el Bullying
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He laborado  en comunidades en donde la sobreprotección es tal  que
            cuando los niños crecen no quieren trabajar, si lo hacen debe ser cerca
            de su casa ganando lo que ellos piensan suficiente si bien no tengan ni la
            secundaria terminada, esas personas únicamente piensan en su comodidad,
            la mayoría del  tiempo  no trabajan  buscando  conseguir el  dinero de la
            manera más fácil y rápida posible. En cierta ocasión fui a vender un carro
            a un bazar de una comunidad del Estado de México, me ofrecían una
            cantidad en efectivo más otra en celulares, curiosamente iba uno de mis
            sobrinos conmigo, dijo haber reconocido a uno de ellos pues era parte de
            un grupo de asaltantes de camiones, lo sabía porque una semana antes el
            autobús en donde iba había sido víctima de esta banda, quienes habían
            tomado los celulares, carteras, bolsas y portafolios de los pasajeros, este
            tipo de delincuentes no tienen la más mínima idea de cómo ganarse el
            dinero trabajando, dejando su futuro incierto pues tarde o temprano van a
            encontrar su merecido destino.


            El trabajo mantiene joven y ágil a una persona, una compañera, maestra
            de educación física también, tenía 55 años de edad, no se había jubilado
            porque había pedido licencia por 10 años, platicando con ella me confío
            una enfermedad crónica, tenía osteoartritis, se la habían diagnosticado a
            los 45 años, cuando estaba de permiso, por esa razón empezó a deprimirse,
            lo que la llevó a casi no poder caminar, su depresión fue a tal grado de no
            salir de su recámara, no poder bajar las escaleras, costándole trabajo ir al
            baño, fue entonces cuando decidió regresar a trabajar, me comentó cómo
            su esposo e hijos le impidieron salir de la casa por su estado; sin embargo,
            insistió regresando a trabajar al patio no a una oficina, con los niños, lo
            cual parecía difícil en un principio, sin embargo, no se dio por vencida, los
            primeros meses, según dijo, llegaba de trabajar a acostarse todo el día, en
            el trabajo se sentía bien, pero una vez que llegaba a su casa se enfriaba, casi
            sin poderse mover; al cabo de cuatro años la maestra era más activa que los
            maestros jóvenes, trabajaba como si tuviera 20 años menos, jugaba con sus
            alumnos, llegaba a su casa a hacer la comida, además, participaba en los
            juegos magisteriales en atletismo y voleibol, siempre obtenía primer lugar
            en uno de los dos o en ambos, también decidió estudiar una maestría y un
            doctorado, al platicarme esto estaba a punto de terminar de escribir un
            libro de cuentos para niños, cuando terminó de contarme su experiencia



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