Page 59 - Mis experiencias para enfrentar el Bullying
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Eva tenía quién la defendiera, pero él no, en su afán por mostrar su fuerza
para protegerla, terminó convirtiéndose en, no uno de ellos, sino peor aún,
en un acosador, molestando a todos aquellos a quienes consideraba débiles
no importando quién fuera, incluso a sus propios primos o vecinos; con
el tiempo su agresividad fue aumentando, en la secundaria participó en
un equipo de fútbol, con el entusiasmo de poder jugar olvidó un poco el
acoso esperando por su uniforme, siendo una gran decepción la negación
de su papá para comprárselo, Jesús tenía varias opciones, pero se inclinó
por el cigarro como una venganza hacia la negación de una vida sana,
en la preparatoria ya intimidaba a todos los dedicados a estudiar o niños
consentidos.
Su hermana había seguido sus pasos, después de la secundaria abandonó
los estudios, empezó a trabajar de acompañante en un tugurio, llevándole
mujeres a su hermano hasta la recámara en la casa donde aún vivía con
sus propios padres, su mamá era una persona débil no supo poner fin a la
situación, su papá se cansó de todo eso, se consiguió otra mujer y se fue, ya
nadie podía detener a Jesús, lo expulsaron de la escuela después de muchas
advertencias por maltratar a sus compañeros, además ya había formado
una pequeña banda con integrantes fieles a él porque preferían estar con
él que en su contra.
Jesús había sido criado como el clásico niño mimado viviendo lo bueno
sin costarle absolutamente nada, cuando ya no se lo dieron se resintió con
la vida, pues de acuerdo a su propia perspectiva ésta le debía mucho, sólo
por existir. Quisiera poner un final feliz a esta historia, de ser así estaría
faltando a la verdad, con el paso del tiempo se fue quedando solo, pues ya
nadie, ni siquiera su hermana aguantaba esa amargura llevada a cuestas
de la cual no logró desapegarse, nunca valoró a quien realmente lo amaba,
hizo cosas terribles a esas personas, nadie nunca hizo lo suficiente por él
como para merecer, ya no digamos su amor, sino su cariño, su apoyo o
cuando menos su empatía, la cual parecía habérsele negado, su familia se
mudó a otra ciudad huyendo del constante acoso de Jesús; jamás volvieron
a tener contacto con él, salvo de una llamada telefónica al año, a veces ni
eso. Terminó sus últimos días sin familia, sin amigos, sin pareja, con un
perro leal a pesar de sus constantes maltratos, sin trabajo, en la miseria,
viviendo únicamente de la venta de sus pertenencias.
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