Page 32 - Dialecto que dejó el mar
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La madrugada sufría
En tu par de obsidianas
el reflejo de una cartografía de humo
y mi rostro no tiene descripción para ciclones,
para mis pensamientos enterrados
en tu noche más turbia.
No te has dado cuenta que después de ti
soy el deseo del que navegantes huyen,
la rosa de los vientos que ya no está en su lugar
y que nunca estuvo para mí.
Un pelícano perdido en su cansancio
habita desde entonces
junto a las únicas voces que escuchamos
y tu sombra se deshace en el tiempo,
ancla aquella seducción insaciable
que dejamos en nuestro lecho,
la rosa de los vientos ya no está en su lugar
nunca estuvo para mí.
Las horas detenían mis sueños,
la madera de nuestro barco se volvió más frágil
¡Vuelve!, te gritaba mi cuerpo.
Pero sólo la quietud y el vacío
arrodillados en la playa,
el mar anida la confusión de los callados,
el mismo poema decapitado en mi vientre
se repite cada luna,
un juego para las estatuas sumergidas
en las profundidades que hay dentro.
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