Page 47 - Dialecto que dejó el mar
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“Uno de los dos no existe,
pero él se niega a señalarme a mí”.
Francisco Hernández
(La isla de las breves ausencias)
He visto un demonio quemarse en mi cuerpo
No puedo dejar de respirar
aunque las serpientes marinas me sigan,
inquebrantables hachas cortan las amarras
pero estoy seca,
creo que nací para todo menos para morir,
mi único deseo que tenía de ti nunca lo alimentaste,
te pedía que armaras el ataúd que habría de habitar después del
olvido
y reías,
y me abrazabas,
y me gritabas “vieja loca, cuánto te amo”
entre las gladiolas y los albatros que adornaban nuestro patio,
pero te fuiste
y ahora que necesito una nave
ahora que mi nombre desaparece lentamente
sólo está tu ropa cansada.
Olvidada en las vísceras de la luna
tengo un hambre mecánica
haciendo añicos las noches,
el futuro no tiene llaves para mí,
para esa cárcel llamada ausencia
y los meses no dejan de ruñir la piel de nuestra memoria
y el sol obsesionado por borrar nuestros ojos
todo está condenado a quedar en el camino.
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