Page 44 - Dialecto que dejó el mar
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La mariposa de la noche invade mis ojos



                   Deja en lo profundo pesadillas que no puedo expulsar,
                           el viento es menos predecible en la calle
                               que en la costa del pensamiento,
                         ecos de una pirómana flotan desde oriente
                     y a tientas el invierno desliza sus dedos en la carne,
                    alguien se pregunta, ¿qué buscan los ojos de la ciudad
                         cuando se vive en la desnudez del trópico?,
                     cuando la selva y el miedo cicatrizan el pavimento,
                               la corola de estos soles perdidos
                                 –que llevamos por mirada–
                      quedaron anclados en el vestido azul de la tarde,
              si supieras cuánto extraño las canciones adoloridas de tus labios.











































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