Page 30 - Una innovación a la mecánica cuántica
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Einstein creía que el mundo debía ser reconocible a la larga, y ahí afuera
tenía que haber una realidad, y eso desafiaba a la mecánica cuántica, así
no funciona. A Einstein no le gustaba esa idea que provocó su famoso
comentario: “Dios no juega a los dados con el universo.”
Muchos de los físicos cuánticos iniciales, Einstein incluido, esperaban que
una teoría más exhaustiva estuviera libre de las aparentes contradicciones
de la mecánica cuántica, algunos científicos incluso, tenían la esperanza
de que los elementos cuánticos extraños desaparecieran. Después de que
Einstein introdujera en 1935 el concepto de lo que llamó: “Espeluznante
acción a distancia,” fue el físico austríaco Erwin Schrödinger quien
denominó este fenómeno en alemán verschänkung, entrelazado con
español, la cuestión es que el término en alemán verschänkung es algo que
está muy conectado fuertemente, mientras que el entrelazamiento suena a
lazos, algo no muy bien definido.
Imaginemos dos partículas entrelazadas como si fueran un par de
bailarinas, si las bailarinas no pueden verse o hablarse mientras bailan,
es posible, aunque difícil, que vayan totalmente sincronizadas, pueden
hacerlo sólo si han ensayado antes y saben cuáles son los movimientos que
hay qué hacer en cada momento. Einstein esperaba que las propiedades de
las partículas entrelazadas se pudiesen describir de la misma manera que
la forma correlativa en la que reaccionaban los dos fotones ante cualquier
medida posible, se pudiera explicar al considerar que los resultados de la
medición estaban predeterminados, pero se equivocaba. Ahora sabemos
que el entrelazamiento es una conexión entre partículas mucho más fuerte
de lo que se puede alcanzar en la física clásica.
Estas curiosidades cuánticas de las cuales el entrelazamiento era la más
extraña, desconcertaron a los investigadores durante más de un cuarto de
siglo. En 1964 el físico irlandés Jhon Bell, diseñó un experimento para
probar lo que Einstein pensaba que era imposible. La publicación de
Einstein–Podolsky–Rosen de 1935, fue ignorada durante los primeros
30 años de su existencia. Entonces, llegó Jhon Bell y demostró que el
entrelazamiento no se podía explicar con una teoría básica y sencilla. Esto
dio lugar a experimentos fundamentales en los que se intentaba averiguar
si la naturaleza estaba realmente loca, si realmente era tan extraña.
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