Page 15 - Dialecto que dejó el mar
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No creo en la ceniza



                           Pero siempre fuimos ignición y arrebato
                       y aunque la voz del camino pudo confundirnos,
                                       quitarnos la piel
                                  y echarle ajenjo al delirio.
                   Te digo que no cerrará la ventana de nuestro invierno
                                 sin sentir que hay algo más,
                    que los días son arpones para ver la noche repetirse
                                   con diferentes estrellas.
                    Que el cuerpo es el único hogar para sentir la locura
                                 y que tú y yo nos inmolamos
                      en las garras de ese animal mal nombrado amor.













































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