Page 16 - Dialecto que dejó el mar
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Hay que sentir la fina aguja del destino
Cerrar nuestros labios
dijo,
y no supe qué contestar
y me arrojé a su boca como se tira del gatillo,
rompí el timón, quemé las velas
y me invadió un miedo a los mares apacibles
no sé si por la luna
que se clava en la aguamarina de esta nostalgia
y nos dicta qué escribir en las tormentas
o si por el grito sirenio que arrastramos desde que nacemos
porque la entrega es un fantasma abordo de nuestros días,
es un polizón dispuesto al crimen en los abismos de la
desesperación
que mi cuerpo anhela de alguien como él.
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