Page 73 - Colección Rosita
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—¡Sí, no dejaré que las lastimes!, dijo Isla, ocultando la mano donde
yacían sus amigas, esperando a ser depositadas en algún hormiguero.
—¡No, no les voy a hacer daño, lo prometo!, dijo Romy sonriendo,
—¡mira, les traje comidita!
Isla mostró sus manos y el niño puso el pasto en ellas. Melania y Bertín se
dieron un gran banquete antes de despedirse.
—¡Mil disculpas, pequeña!, dijo Romy tomando a Bertín en sus manos,
ahora pulcras, despidiendo un agradable olor, —¡nunca más le haré
daño a nadie!
Isla y Romy se tomaron de las manos y fueron a dejar a Melania y a Bertín
en el hormiguero cerca de la playa, desde ahí, se podía observar el océano.
Melania se despidió con un suspiro del mar, aspirando su frescura por
última vez. Esperaría a que le construyeran sus alas, ¡en realidad, las
hembras no tenían!
Umay se encontraba encima de una piedra, descansando y tomando el sol,
levantó una de sus tenazas y gritó.
—¡Hasta pronto, amiguitas!
Melania y Bertín llegaron a la ventana terrenal, no podían entrar, porque
no pidieron permiso para salir.
—Derrama una lágrima Melania, dijo Bertín —si no, no podremos
entrar.
Melania recordó sus aventuras, se carcajeó a más no poder, los ojos se
llenaron de agua y por fin dejó caer una gruesa lágrima. Bertín frotó sus patas
delanteras al mismo tiempo que las traseras, apareció un diminuto hoyo en
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