Page 17 - Mis experiencias para enfrentar el Bullying
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En  estos  casos  se disminuye la autoestima  del niño provocando  que
            se encierre en sí mismo, dando como resultado la timidez y la falta de
            confianza para enfrentarse a nuevos retos; si la conducta del niño no es la
            adecuada podría usar frases como ya madura, toma tus responsabilidades,
            pon más atención, puedes hacerlo mejor; no obstante, no son las únicas
            formas de agresión, tomando en cuenta lo dicho por la autora Ana Roa
            García (2017) quien asevera en su libro La educación emocional, el autoconcepto,
            la autoestima y su importancia en la infancia que el autoconcepto y la autoestima
            del niño resultan de las experiencias personales y sociales; los comentarios
            de otras personas forman parte de su entorno, así como el estilo educativo
            de los padres y los valores. Dentro de ellas se encuentra también el silencio,
            ¿cuántas veces hemos escuchado hablar de la ley del hielo?, práctica nociva
            (Puma E., 2018) no hablarle a alguien a propósito, ya sea como resultado de
            sus actitudes o por intentar un cambio en ellas, es una de las estrategias más
            crueles de agresión psicológica,  puesto que ninguna de las dos partes tiene
            la oportunidad de expresar su inconformidad ni entablar una adecuada
            negociación para resolver el problema, es en cambio un castigo sin darle la
            menor oportunidad al otro de defender su postura o dar una explicación.


            He observado cuando algunos  niños, tienden  a expresar su  disgusto
            ante la agresión vivida en casa a través de los estudiantes de la escuela,
            golpeándolos,  molestándolos,  quitándoles  sus  pertenencias,  entre  otras,
            pero no siempre es de su hogar de donde vienen dichas agresiones, también
            se da entre compañeros, ya sea del mismo grupo o de otros. En una escuela
            donde trabajé en el Estado de México el bullying entre los niños de 4°,
            5°  y  6°  grados  contra  sus  compañeros  más  pequeños  era  común,  casi
            podría decirse que era una costumbre detonando en los agredidos la idea
            de vengarse cuando crecieran, creando con esto una cadena heredada de
            generación en generación dentro de la misma escuela en donde la agresión
            psicológica es lo más grave del bullying al rebasar los límites; al grado de
            provocar un rencor en la víctima tal como para propiciar el asesinato entre
            compañeros  de  su  escuela  y/o  llevar  al  suicidio,  estimando  un  cálculo
            de “240,000 adolescentes sufriendo bullying, con riesgos de ausentismo
            escolar, lesiones graves, fuga del hogar, intento de suicidio, así como el
            abuso de alcohol, drogas y cigarrillos” (Oliveros, M., 2007).





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