Page 59 - Colección Rosita
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Melania y Bertín
“¡Un pasito pa’ delante y dos pasitos para atrás, si tú quieres divertirte,
ven conmigo y ya verás!, cantaba la comunidad de hormigas con alegría.
“¡Un pasito pa’ delante y dos pasitos para atrás, si tú quieres divertirte, ven
conmigo y ya verás!”
Melania, era una hormiga muy enfermiza, vivía en una cuevita, fabricada
por su padre Fado, quién murió el día que se arriesgó a salir y un zapato
con suela de hule lo aplastó. Desde entonces su madre se preocupaba
mucho por ella, haciéndola quedarse en casa por siempre, y le decía, lo
mejor para ti, es quedarte en casa.
—Necesitas guardar cuarentena, le dijo su mamá un día de tantos, ¡ya
no se acordaba cuándo! —si sales, corres el peligro de enfermarte.
¡Se le hacía tan largo el tiempo!, parecían siglos, en realidad sólo había
pasado un año desde su enfermedad, esa era la vida de Melania; su madre
Quiña, no le permitía trabajar con la comunidad por temor, podía sufrir
un desmayo.
Melania y Bertín sólo observaban cómo la comunidad de hormigas daba
vueltas alrededor, identificando los desperfectos y poniéndose a trabajar
con esmero y profesionalismo; construían una nueva escalera que llevaría
directo a la ventana terrenal, así llamaban al hormiguero por donde salían
las hormigas diestras, las fuertes y las inteligentes.
—¡Esperen, esperen, no nos dejen aquí, también nos queremos divertir!,
gritó Melania, al ver a la comunidad de hormigas pasar, formadas y
diligentes, por su cueva de paja, eso sí, guardaban la sana distancia,
de un centímetro y medio.
—¡Date prisa Melania, no quiero que nos dejen otra vez!, chilló Bertín,
mientras daba un pasito pa’ delante y dos pasitos para atrás.
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