Page 48 - Colección Rosita
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—Tú te lo buscaste y ahora, “te duele la cabeza, te duele el corazón,
te duele todo el cuerpo y las pompis de pilón”, cantó con pereza
Vegetta, levantando la cabeza del mullido sillón donde dormía,
luego, volvía a sus gatunos sueños.
Lo inquietó escuchar los maullidos de la banda de El Negro por las noches,
parecía burlarse de él.
Su humana les puso un ridículo abrigo rojo y un gorro con una mota;
Vegetta la intentó atrapar todo el día, ¡era imposible!, siempre se iba a un
lado. Él puso cara de fastidio, cuando nadie lo veía, hacía el intento de
quitarse todo, parecía parte de su pelaje. Se resignó, no le quedó de otra,
se sentía atrapado sin remedio.
Sano por completo, con su pata fuerte, vigorosa, sin dolor; y recuperado el
pelo que perdió en el pleito con El Negro, se sentía con energía renovada y
con ansias locas de subir a la azotea.
—No te vayas a salir, ronroneó Vegetta, en sus orejitas, —muero si te
pasa algo, apenas te recuperaste, no te vuelvas a poner en peligro,
¡cuídate!
—¡Pero hermanita!, exclamó, desesperado, —¡Salir a los techos es parte
de mi vida! ¡Como las tiendas son parte de la vida de los humanos!
—Pues entonces, adelante, nadie te podrá detener, dijo Vegetta,
ronroneando resignada, —pero por favor, ¡cuídate!
Con sigilo, Máximus salió en cuanto se metió el sol, Chandler y Joe lo
corretearon hasta la barda, como siempre, les ganó el tirón y subió a
velocidad vertiginosa hasta el techo.
Anduvo acechando la casa de Loreta, quería verla, por lo menos de lejos,
de pronto se apareció, como por arte de magia, ¡le dieron ganas de tener
alas!
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