Page 49 - Colección Rosita
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Como él era todo un tigre, aunque le faltaran las rayas, ¡maulló con fuerza,
            para llamar la atención de la coqueta y hermosa gata!


               —¡Ven, sube!, la invitó, con alegría —¡Hagamos de hoy una noche
                  grandiosa! Mira, la luna nos está llamando a observar su belleza, ¿no
                  te encanta todo esto?


            Loreta subió con agilidad por el enorme y verde árbol. No cabía duda, era
            de buena cepa.


            Definitivamente se sentía feliz con esa gatita preciosa.


               —¡Hola!, ronroneó Loreta, rozando el cuerpo de Máximus con ternura,
                  —te extrañé.


               —¿Quieres tener a alguien en quién confiar?, maulló, mirándola a los
                  ojos —Yo puedo estar siempre contigo, digo, si quieres.

               —¿Me estás proponiendo que sea tu novia?, se ruborizó y pestañeó
                  varias veces seguidas.


               —Bueno, te estoy hablando como un gato de verdad, afirmó, —¿qué
                  dices, te animas?


            Se dieron un tierno beso de piquito y contemplaron la luna por horas,
            en silencio, saboreando el momento sublime, se comprometían a unir sus
            vidas para siempre, porque los gatos, cuando tienen novias, ¡es para todas
            las siete vidas!


               —Vamos a dar una vuelta por ahí, sugirió Máximus, que la comunidad
                  de animales se dé cuenta de que, ¡somos felices con nuestra vida!


            Bajaron a las calles solitarias, recorrieron callejones y llegaron hasta los
            basureros. Ahí se encontraron a algunos vagabundos, se unieron a ellos
            para buscar comida. Siempre podían hallar un buen botín.






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