Page 34 - El Sembrador de esperazas
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—Sí, era irrompible, estaba grabado en una pequeña plaquita
de acero y quedó grabado también en mi corazón, —dije sin
mirarlos a los ojos—, por si el río seco, volvía a desbordarse.
Y revisé nuevamente esa plaquita pequeña guardada muy bien por
muchos años…, y descubrí algo más, que de niño seguramente no
habría entendido…
¡Sin miedos, sin apegos, sin egos!
Fiat lux.
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